Mientras España observa, su presidente calla.
Y ese silencio —tan prolongado como estudiado— ya no es prudencia: es cálculo.
En un momento donde la ciudadanía exige claridad, responsabilidad y regeneración, se nos ofrece un teatro de gestos, insinuaciones y dilaciones. Más humo, más retardo, más espectáculo.
¿Dónde queda la política como servicio?
¿Dónde queda la palabra dada, la verdad directa, la responsabilidad como deber y no como escudo?
Cada día de espera sin respuesta alimenta la desconfianza, fractura el vínculo con el pueblo y convierte la política en una estrategia de encubrimiento, no en un ejercicio de representación.
La gente no quiere más dimes y diretes,
quiere verdad, ética y altura de miras.
Si el poder no responde con nobleza,
la ciudadanía digna responderá con estructura.
—Publicado por Dimas II