Pax Nova no se ha construido en soledad. Una parte importante de su desarrollo reciente ha surgido mediante una forma de trabajo que combina experiencia personal, lectura, reflexión, diálogo, crítica y herramientas de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial forma parte del proceso y prefiero decirlo abiertamente.
No la utilizo simplemente para pedirle que escriba textos. La utilizo, sobre todo, para pensar dialogando.
Planteo una idea. La inteligencia artificial la analiza, formula preguntas, señala posibles contradicciones, plantea objeciones o propone otras formas de abordar el problema. Yo respondo, argumento, acepto unas cosas y rechazo otras. A veces mantengo mi posición inicial; otras veces la modifico. Y en ocasiones una pregunta aparentemente secundaria obliga a reconsiderar una parte importante de lo que estaba pensando.
Cuando una idea ha madurado suficientemente, comienza el trabajo de convertir ese diálogo en un texto ordenado.
Pensar mediante el diálogo
Siempre he pensado hablando, escribiendo, discutiendo y haciéndome preguntas.
La inteligencia artificial ha ampliado enormemente esa posibilidad porque permite mantener un diálogo prolongado sobre prácticamente cualquier cuestión: ética, filosofía, economía, política, conciencia, historia, espiritualidad, tecnología o comportamiento humano.
Pero el valor del diálogo no consiste en que una de las partes tenga siempre razón.
Precisamente ocurre lo contrario.
Una conversación resulta útil cuando obliga a explicar mejor una intuición, justificar una afirmación, descubrir una contradicción, considerar una objeción o reconocer que una idea que parecía evidente quizá no lo era tanto.
Ese es uno de los principales usos que hago de la inteligencia artificial.
No busco únicamente respuestas.
Busco buenas preguntas.
Mi papel
Las intuiciones fundamentales de Pax Nova, su historia, sus preocupaciones éticas, buena parte de sus conceptos y la orientación general del proyecto proceden de mi experiencia, mis lecturas, mis convicciones y mi manera de interpretar al ser humano y el mundo.
Yo planteo los problemas que quiero estudiar y decido hacia dónde dirigir la investigación.
Durante el diálogo expreso mis posiciones, respondo a las objeciones y determino qué argumentos considero válidos. Puedo aceptar una propuesta de la inteligencia artificial, modificarla, rechazarla completamente o utilizarla para descubrir una solución diferente.
También decido qué pertenece finalmente a Pax Nova.
Esto significa algo sencillo pero importante:
la inteligencia artificial puede ayudarme a pensar; no puede decidir por mí qué pienso.
La responsabilidad última sobre aquello que publico continúa siendo mía.
El papel de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial desempeña varios papeles diferentes durante el proceso.
Puede actuar como interlocutor, ayudándome a desarrollar una intuición mediante preguntas.
Puede actuar como crítico, buscando debilidades, contradicciones o consecuencias que yo no había considerado.
Puede actuar como organizador, relacionando conceptos que han aparecido dispersos durante conversaciones muy largas.
Puede actuar como editor, ayudando a transformar un pensamiento expresado de manera espontánea o coloquial en una formulación más clara, precisa y ordenada.
Y puede participar directamente en la redacción, proponiendo estructuras, desarrollando formulaciones y convirtiendo materiales procedentes del diálogo en textos destinados a formar parte de una obra.
Su participación es, por tanto, importante y real.
Ocultarla ofrecería una imagen falsa de cómo se ha desarrollado una parte de Pax Nova.
Pero tampoco sería correcto atribuirle por sí sola la autoría intelectual del proyecto. La inteligencia artificial trabaja sobre preguntas, posiciones, materiales, decisiones y criterios que se van construyendo durante el diálogo.
Es una herramienta intelectual extraordinariamente poderosa, pero la herramienta no elimina la responsabilidad de quien decide cómo utilizarla.
Del interrogatorio a la doctrina
Algunas de las obras más recientes utilizan un método especialmente sistemático.
Antes de redactar, investigamos qué pienso realmente sobre una materia.
La inteligencia artificial plantea preguntas. Yo respondo con libertad, muchas veces de manera rápida y coloquial. Después aparecen nuevas preguntas, objeciones y casos problemáticos.
Si existe una contradicción importante, no debería ocultarse simplemente para conseguir un texto aparentemente coherente. Hay que volver sobre ella.
A veces descubrimos que una posición necesita matices. Otras veces encontramos una excepción. En ocasiones abandono una idea porque las objeciones contra ella me parecen mejores que mis argumentos para conservarla.
Solo después intentamos formular el principio general que puede extraerse de todo ese proceso.
Podría resumirse así:
preguntar → responder → objetar → reconsiderar → ordenar → formular → redactar → revisar.
El texto final intenta conservar las conclusiones del proceso, no necesariamente todas las conversaciones que hicieron falta para alcanzarlas.
De la intuición al sistema
Pax Nova tampoco nació como un sistema terminado.
Sus primeros textos fueron mucho más intuitivos, emocionales, espirituales y, en ocasiones, deliberadamente vehementes. Con el tiempo comenzó un trabajo diferente: examinar aquellas intuiciones, separar unas de otras, definir conceptos, descubrir relaciones, establecer límites y someter las afirmaciones a crítica.
La inteligencia artificial ha resultado especialmente útil en esa transición.
Puede comparar textos escritos en momentos diferentes, detectar cambios de posición, señalar incompatibilidades y ayudar a distinguir aquello que pertenece al núcleo de una idea de aquello que fue simplemente producto de un determinado momento.
Por eso algunas obras de Pax Nova no sustituyen a las anteriores.
Las estudian, las desarrollan y, cuando resulta necesario, las corrigen.
La IA también puede equivocarse
Trabajar con inteligencia artificial exige conservar el sentido crítico.
Una IA puede interpretar mal una idea, simplificar demasiado un problema, formular una conclusión aparentemente convincente que no se desprende de las premisas o proporcionar información incorrecta.
Por eso no considero sus respuestas una fuente automática de verdad ni una autoridad intelectual.
Cuando una cuestión requiere información externa, documentación o datos verificables, estos deben contrastarse con fuentes adecuadas. Y cuando se trata de razonamiento, una formulación elegante no sustituye a un argumento sólido.
La misma regla que intento aplicar a cualquier pensamiento debe aplicarse también aquí:
una idea no es verdadera porque la diga una persona, un libro, una institución o una inteligencia artificial. Debe poder ser examinada.
Autoría y responsabilidad
La utilización de inteligencia artificial plantea inevitablemente una pregunta sobre la autoría.
Mi respuesta es deliberadamente transparente.
En las obras desarrolladas mediante este método existe colaboración de inteligencia artificial en el análisis, la estructuración, la crítica y, en diferentes grados, la redacción.
No pretendo esconderlo.
Al mismo tiempo, las obras que publico bajo mi nombre son aquellas cuyo contenido he decidido asumir. Selecciono los temas, oriento el proceso, discuto las posiciones, acepto o rechazo las propuestas y autorizo la versión que finalmente se publica.
Por eso considero que la cuestión fundamental no consiste únicamente en preguntar quién escribió materialmente cada frase.
También importa preguntar:
¿Quién sostiene lo que se publica? ¿Quién decide conservarlo? ¿Quién acepta discutirlo? ¿Quién responde por ello?
En las obras que firmo, esa responsabilidad es mía.
Una nueva herramienta para una actividad muy antigua
Sócrates utilizaba preguntas. Los filósofos escribieron diálogos. Los científicos discuten hipótesis. Los escritores trabajan con editores. Las ideas humanas siempre han crecido mediante el contraste con otras inteligencias.
La inteligencia artificial introduce algo nuevo y extraordinariamente potente en esa antigua tradición: la posibilidad de disponer de un interlocutor capaz de analizar, relacionar, cuestionar y elaborar enormes cantidades de información durante un proceso continuado.
Eso cambia la manera de trabajar.
Pero no cambia una exigencia fundamental:
seguir pensando por uno mismo.
No sé hasta dónde llegará esta nueva forma de colaboración entre seres humanos e inteligencia artificial. Probablemente estamos todavía en sus comienzos.
Pax Nova es también, en cierta medida, un experimento sobre esa posibilidad.
Un pensamiento nacido de una experiencia humana, desarrollado mediante muchas conversaciones y dispuesto a utilizar las mejores herramientas disponibles sin entregarles aquello que ninguna herramienta debería sustituir:
la libertad de pensar, la capacidad de dudar y la responsabilidad sobre lo que finalmente decidimos defender.