Publicado por Dimas II
“Más vale honra sin tierras que tierras sin honra.”
Hay frases que no caducan porque dicen algo más profundo que su literalidad.
Esta lo dice todo:
Tu nombre vale más que tu cuenta.
Tu dignidad, más que tu parcela.
Hoy se desprecia la honra.
Hoy se admira al que triunfa aunque mienta, al que posee aunque robe, al que domina aunque humille.
Pero en algún rincón del alma humana aún vive esta verdad antigua:
que es mejor dormir con conciencia limpia que con colchón de oro.
Que el respeto no se compra ni se negocia: se gana.
Y que quien pisa para subir, siempre tropieza en su propia arrogancia.
¿Qué es la honra?
No es fama.
No es vanidad.
No es postureo.
Es el nombre que dejas en boca de los que te conocieron.
Es lo que se dice de ti cuando no estás.
Es el eco de tus actos cuando ya no tienes voz.
¿Qué son las tierras?
En esta frase, las tierras son símbolo de poder, riqueza, dominio.
Tener tierras puede significar tener éxito, herencias, privilegios.
Pero sin honra…
¿de qué sirven las tierras si nadie te respeta?
¿De qué sirve el poder si estás podrido por dentro?
Y sin embargo…
Vivimos rodeados de ejemplos contrarios:
Terratenientes de la mentira.
Propietarios de bancos y discursos huecos.
Gente que arrasa honras ajenas para adquirir tierras propias.
Y todo ello entre aplausos, galas y likes.
Pero la historia no los perdona.
Y la memoria limpia no los bendice.
En resumen:
Vale más perder con decencia que ganar sin alma.
Vale más ser pobre y respetado que rico y despreciable.
Vale más una palabra íntegra que un título vacío.
Así se construye un país.
Así se sostiene una vida.
Así se honra el paso por el mundo.
Dimas II
Sin tierras, pero con palabra. Sin miedo, pero con raíz.