Publicado por Dimas II
Querido tú,
sí, tú: el que no sabe por dónde tirar,
el que se pregunta si esto tiene sentido,
el que siente que va tarde, que va mal,
que va solo.
No te conozco,
pero sé de ese hueco.
Lo he sentido yo también.
Y por eso te escribo.
Primero: no estás roto.
Estás confundido, que es muy distinto.
Estás cansado, y eso no es fracaso: es señal de que has estado buscando.
Estás triste quizá, o enfadado con el mundo, o contigo.
Bien.
Eso significa que aún estás despierto.
Segundo: no estás solo.
Aunque nadie lo diga,
aunque tu móvil esté lleno de imágenes vacías y tus días de silencio,
hay más gente como tú.
Pensando.
Sufriendo.
Buscando una rendija por donde pase un poco de luz.
Yo soy uno.
Y tú eres otro.
Y ya no estamos tan solos.
Tercero: no tienes que tenerlo todo claro.
No es verdad que a tu edad tengas que saber quién eres.
No es verdad que tu vida se mida por diplomas, por fotos, por respuestas rápidas.
Eres un proceso.
Y eso está bien.
No te exijas ser adulto antes de sentirte humano.
Cuarto: no te vendas.
No entregues tu alma a cambio de un aplauso.
No traiciones lo que sabes por dentro solo porque el mundo grita otra cosa.
No maquilles tu voz para que suene como las demás.
Te lo digo con toda la ternura del mundo:
sé tú, aunque no sepas bien quién es ese tú todavía.
Pero que no te lo definan desde fuera.
Quinto: aguanta.
Aguanta, aunque te duela.
Aguanta, aunque te digan que no vales.
Aguanta, aunque el futuro parezca una broma cruel.
Aguanta, porque hay algo en ti que nadie puede destruir si no lo permites.
Y ese algo —llámalo alma, luz, pulso, rareza—
es lo más valioso que tienes.
No tengo soluciones para ti.
Solo tengo esta carta.
Y la certeza de que, si estás leyendo esto,
hay esperanza.
Porque los que ya están muertos por dentro… no leen.
Te abrazo desde aquí, sin conocerte.
Pero como si fueras de los míos.
Porque lo eres.
Dimas II