Equipamiento básico para la batalla del alma
- Una ética estructural bien templada, para distinguir lo que edifica de lo que destruye, incluso cuando nadie te mira.
- Una palabra limpia, que no negocie con la mentira ni se prostituya por poder o aceptación.
- Una herida abierta que no se pudre, sino que respira verdad y memoria.
- Un cuaderno o piedra de escritura, donde registrar lo que uno aprende, sin miedo a corregirse.
- Una espada de ternura, que corta sin odio y defiende sin resentimiento.
- Silencio entrenado, capaz de callar cuando el mundo grita y hablar cuando todo tiembla.
- Ayuno de vanidad, porque el orgullo grita más que Dios.
- Un mentor invisible, que puede ser el Espíritu, una mujer sabia, un texto olvidado, o un niño que no sabe mentir.
- La capacidad de perder con elegancia, porque en este mundo muchas victorias son condenas.
- Una brújula que apunte a la Veracidad, aunque duela. Aunque arruine el plan. Aunque te deje solo.
Y si puedes, lleva también una napolitana de chocolate y una carcajada bien puesta. No sea que el viaje te endurezca el alma.
Dimas II, Papa de Paul Atreides 2.2.71.