Post 5 – Parábola del viento sembrado

Publicado por Dimas II


Había una vez un país con sed de futuro,
y una cuadrilla de jardineros que prometieron sembrar justicia, igualdad y sentido común.
Traían palabras como abono y pancartas como herramientas.
La tierra, cansada pero fértil, los recibió con esperanza.

Entonces, aquellos jardineros empezaron a sembrar.

Pero no sembraron trigo.
Ni sembraron raíces.
Sembraron viento.


Sembraron el viento del ruido ideológico:
Todo se convirtió en siglas, bandos, etiquetas.
Se discutía quién decía qué, en vez de qué se decía.
La razón se subordinó al relato.
Y el pueblo fue reducido a algoritmo.


Sembraron el viento de la inversión emocional permanente:
Convertir cada causa en trinchera.
Cada discrepancia en traición.
Cada gesto en señal de guerra cultural.
Se gritaba mucho, pero no se gobernaba.


Sembraron el viento del pacto a cualquier precio:
Pactaron con quienes los despreciaban.
Pactaron con quienes habían sembrado cenizas antes.
Y luego fingieron que era por el bien común.
Pero el pueblo olía la podredumbre bajo el incienso.


Sembraron el viento de la prepotencia blanda:
Un poder que se decía humilde mientras despreciaba al disidente.
Una sonrisa que escondía soberbia.
Una ley que se vendía como progreso mientras hería la convivencia.


Y como es ley de la tierra:
el viento sembrado no da flores, sino tormentas.

Así llegaron las tempestades:

  • Del desencanto de quienes creyeron
  • Del odio de quienes se sintieron excluidos
  • Del caos de un país que no encuentra relato común
  • De la revancha, que se disfraza de alternancia
  • Y del oportunismo, que ya afila su cuchillo de retorno

“¿Por qué todo va tan mal?”, preguntaban algunos.

Porque no se puede gobernar como quien tuitea.
Porque no se puede legislar desde el resentimiento.
Porque no se puede construir un país con pósters, sino con ética.


Y ahora…
los mismos que sembraron viento se preparan para cosechar tempestades.
Y algunos, incluso, culpan a la meteorología.

Pero no fue el clima.
Fue la siembra.
Y no fue error.
Fue elección.


Que cada uno escuche y entienda.
Porque lo que viene no será suave.
Y el viento no tiene partido:
solo dirección, violencia y memoria.


Dimas II

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