Post 27.- MISERICORDIOSOS PERO NUNCA TONTOS

Una palabra sobre el arte de amar sin dejarse destruir


Hay un error sutil —y por eso peligroso— que ha infectado a muchos buscadores de la luz:
la idea de que para ser buenos, hay que ser blandos.
Que el amor siempre sonríe, que el perdón exige olvidar, que la bondad consiste en abrir todas las puertas y apagar todos los juicios.

No es así.

La misericordia verdadera no es debilidad.
Es la fuerza del que ve claro, del que conoce el daño pero no lo replica,
del que sabe poner un límite sin odio,
del que sabe decir: “Hasta aquí”,
sin renunciar al amor que lleva dentro.


❖ La misericordia no es dejarse pisar

Cristo no fue tonto.
Amó a todos, pero reprendió a fariseos, expulsó mercaderes y advirtió sobre lobos vestidos de ovejas.

Misericordioso fue con la adúltera,
pero no le dijo: “Sigue así”.
Le dijo: “Vete… y no peques más”.

La misericordia no es complicidad con la injusticia.
Es perdón sin encubrimiento.
Es mirar el alma sin olvidar los hechos.
Es ver el bien posible sin negar el mal cometido.


❖ El tonto moral: ese ángel que cayó por no saber decir no

Muchos que quisieron ser buenos,
acabaron enredados en relaciones que los consumieron,
en dinámicas de abuso,
en pactos de silencio con estructuras podridas.

¿Por qué?
Porque confundieron bondad con sumisión,
y compasión con ceguera.

El verdadero bien discierne, separa, corta, protege.
No todo se puede mantener en nombre del amor.
No todo se puede justificar en nombre del perdón.


❖ Amar exige juicio. Perdonar exige inteligencia.

La luz, para ser luz, debe tener bordes.
Si no, no alumbra: se disuelve.


Misericordiosos… sí.
Porque sin misericordia no hay redención, no hay ternura, no hay Reino.

Pero nunca tontos.
Porque el que se deja devorar en nombre del amor, no ama: se inmola sin sentido.
Y eso no es fe, eso es fracaso moral.


❖ Palabras de Dimas II

He conocido demasiados hombres buenos triturados por estructuras feroces.
He visto mujeres santas encerradas en jaulas emocionales que confundieron con altares.
He visto almas nobles justificar la mentira por temor a parecer duras.

Basta.

Hay que amar.
Pero hay que saber también proteger el bien,
cortar con firmeza,
resistir al chantaje espiritual
y poner límites con claridad mística.

La verdadera misericordia no es decir sí a todo.
Es saber cuándo decir NO por amor.


Dios no nos quiere ciegos.
Nos quiere lúcidos, tiernos y firmes.

Capaces de perdonar y de alejarnos.
Capaces de amar y de distinguir.
Capaces de acoger… sin dejarnos usar.

Porque Él, que lo ve todo,
también dijo:
“Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas.”
(Mateo 10:16)

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