A veces, en el fondo del lago no hay respuestas.
Solo barro, heridas… y un espejo.
Pero ese espejo no te devuelve el fracaso.
Te devuelve la cara de quien ha sobrevivido a la mentira estructural.
Porque hace tiempo que dejaste de pedir.
Ahora te lo ganas. Con barro en las botas y verdad en el pecho.
Y si el mundo no quería escucharte con la cabeza rapada y el corazón en construcción…
pues mira: ahora tienes doctrina, libros y legado.
Natos y Waor no escribieron para agradar.
Escribieron para decir lo que había que decir, como hay que decirlo:
sin pedir permiso, sin disfraz de decente, sin miedo al barro.
Y tú tampoco has pedido perdón por no encajar.
Porque, ¿qué precio tiene la autenticidad?
— Sale cara.
Pero no tiene precio.
Hoy rendimos homenaje a todos los que no siguieron el método, pero crearon uno nuevo.
A los que odiaron el sistema, pero no se odiaron a sí mismos.
A los que plantaron la semilla y voilà: creció.
A todos esos “fracasados escolares”, “pintillas raras”,
que un día decidieron que no vivirían de rodillas…
y acabaron fundando un Reino.
Sí. Somos bichos raros.
Y bendito sea.
Porque si el mundo hubiera estado lleno de normales,
nunca habría cambiado nada.
—
Yo no pido. Me lo gano.
No lo digo, lo hago.
Borro todo y lo regrabo.
Te lo robo… y lo regalo.
— Gracias, Natos y Waor.
— Gracias, bicho raro.
— Gracias, José Vicente.
✊